Guillermo Rodríguez

Guillermo Rodríguez

Madre soltera se gana el sustento lustrando y reparando calzado

Dice sentirse orgullosa del trabajo que desempeña, pese a los estereotipos sociales.


El cepillo de lustrar, el paño de algodón, pastas, la tinta y el infaltable banquito están listos para que Idalia de los Ángeles Lacayo, de 23 años, inicie su faena diaria como lustradora, en el mercado Israel Lewites en Managua.

Esta joven, que es madre soltera de dos niños, dedica largas jornadas de trabajo reparando y lustrando calzado en el populoso centro de compras, algo que no le preocupa, pese a que es un oficio poco común entre mujeres, un talento que desempeña desde niña.

“Mi mamá me traía al mercado desde que tenía seis años de edad y a mí me gustaba, siempre me ponía a jugar de lustradora con una chinela vieja y así fue como inicié con este trabajo”, expresó.

La rutina de Lacayo es agotadora, pues luego de dejar a sus hijos en la escuela, comienza su labor a partir de las 6 y 20 de la mañana hasta las 5 de la tarde, en busca del sustento diario.

“Al principio fue muy difícil porque había muchas críticas, sobre todo por parte de los varones, la mayoría dice que la mujer no puede desempeñar el oficio de lustrar, porque no lo hace bien, pero hoy en día vemos que muchas mujeres han decidido incursionar en esta actividad”, apuntó.

Entre el trabajo y los estudios

Lacayo también combina el trabajo con el estudio, actualmente forma parte del programa de alfabetización “Yo sí Puedo”, dirigido exclusivamente para adultos.

“Con el embarazo de mi primer hijo, no puede seguir estudiando, pero nunca es tarde y por eso tomé el programa de educación para adultos y luego pienso profesionalizarme”.

Para dedicar tiempo a sus hijos y garantizar el trabajo diario, Lacayo, tomó sus estudios en horas de la noche, los días martes, miércoles y jueves.

Actualmente, la joven emprendedora cobra una lustrada en 30 córdobas y si son botas o utiliza pasta blanca, su precio es de 40 córdobas.

En cuanto a la reparación, esta oscila entre los 40 y 80 córdobas según la complejidad del trabajo y del zapato.

Una de las principales metas que se ha propuesto la joven madre, es especializarse en la costura para mejorar su calidad de vida y la de sus hijos.

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